Match Point: Woody Allen vuelve a ganar

Match PointProcuro no perderme las películas que Woody Allen nos va ofreciendo año a año. Es verdad que en los últimos tiempos estaba lejos de los resultados obtenidos años atrás, pero de alguien como él siempre hay que esperar lo mejor. La confianza da sus frutos porque Match Point es una de sus mejores películas.

Chris Wilson (Jonathan Rhys-Meyers) un antiguo jugador profesional de tenis se dedica a dar clases a ricachones. Ahí conocerá a Tom Hewett (Matthew Goode) que le presenta a su hermana Chloe (Emily Mortimer) a la que conquista con facilidad pero sin mucho interés. Al tiempo sentirá una intensa atracción por Nola Rice (Scarlett Johansson), una especie de mujer fatal que resulta ser la novia de Tom.

Un guión de Woody Allen mediocre equivale a uno bueno de la mayoría, pero en este caso estamos ante uno de sus mejores guiones, un prodigio de escritura cinematográfica en el que todo encaja, no hay cabos sueltos y las piezas van dando sentido al conjunto, conforme avanza la trama, hasta llegar al inesperado final. No soy capaz de imaginarme dicho final (que evidentemente no desvelaré ya que, como sabéis, detesto los spoilers) de una manera diferente a la que es y eso suele ser sinónimo de perfección.

Como en casi todas las obras de Allen los actores están espléndidos y ofrecen unas interpretaciones sobresalientes en especial Jonathan Rhys-Meyers, atención a su insondable e inquietante mirada, en su mejor y más importante papel hasta la fecha, y Scarlett Johansson que se confirma como una de las actrices con mayor potencial de la actualidad. Escuchar su áspera voz (en versión original claro, si no no podría decir “su voz”) en los momentos tiernos, duros o bañados en alcohol es todo un placer. El resto del reparto brilla a un gran nivel también pero ellos dos se comen la pantalla.

Uno de los comentarios más recurrentes sobre esta película será decir que no parece de Woody Allen pero no es del Match Pointtodo cierto. Es verdad que puede parecer que se aleja un poco de su estilo habitual pero es solo aparentemente porque temas como el sexo, la vida y la muerte siguen estando presentes en la narración. Además, su caligrafía visual sigue siendo tan austera como siempre, con unos movimientos de cámara sutiles pero muy efectivos.

Añadir que toda la película me parece que funciona como un mecanismo de precisión pero que es en la impresionante media hora final donde Allen nos deja clavados en la butaca con su dureza y su ironía. Aunque hay películas del director que prefiero a esta, no tengo la más mínima objeción que hacerle y considero que, sin duda, es una de sus grandes obras.

Valoración final: 10 sobre 10.