Entrevista a Hernán Migoya, director de ‘¡Soy un pelele!’

Hernan Migoya, director de Soy un pelele

Hernán Migoya es escritor, guionista de cine y comic, periodista, traductor y director de cine. En su amplio currículum podríamos destacar sus traducciones de cómics de Robert Crumb o Dave Cooper, su guión para los cómics “El hombre con miedo” (premio al mejor guión en el XX Salón internacional del Cómic de Barcelona), “Desalmado” o “Final feliz“, su novela “Observamos cómo cae Octavio” o sus colecciónes de cuentos “Todas putas” y “Putas es poco“.

Recientemente publiqué el teaser trailer de su primer largometraje como director, ¡Soy un pelele!, y le propuse la realización de una entrevista a lo que accedió muy amablemente.

Tengo que agradecerle no sólo la extensión y el detalle de sus respuestas sino el hecho, no muy habitual hoy en día, de que se haya mordido bastante poco la lengua.

Pregunta: Es de sobras conocida la polémica creada en torno a tu libro “Todas putas”. Por eso, visto el trailer de “Soy un pelele”, en el que recurres e incluso bromeas con el “erotismo gratuito”, no puedo dejar de hacerte esta pregunta. ¿Le has cogido el gusto a lo de crear polémica?

Respuesta: Nunca he buscado la polémica en ninguna de mis obras. Si busco algo conscientemente, cosa bastante dudosa, sería la “normalización” del abanico de actitudes humanas.

Pero la mayor parte de las veces ni siquiera soy consciente de que algo de mi obra pueda molestar: creo que el haberme criado consumiendo cultura sin trabas morales ni criterio de edad ha contribuido a ello. A los diez años, siendo fan fatal de la novela negra, ya había ingerido las principales obras de escritores hard-boiled como Dashiell Hammett, Chester Himes, Jim Thompson o James M. Cain, y probablemente lo directo de sus abordajes artísticos se me adhirió sin darme cuenta. Me alegro de ello, claro, y agradezco a mis padres su educación liberal. De repente, ya en mi vida adulta, tengo asumidas cosas que la sociedad en la que vivo continúa ocultando como tabúes, única y exclusivamente por miedo: mi formación autodidacta me ha hecho un librepensador, sin yo siquiera pretenderlo.

En el teaser de “¡Soy un pelele!” juego con la idea de llegar a lo más simple y básico cuando sintetizas una historia: ¿qué es lo que más nos atrae como espectadores, a hombres y mujeres por igual? De ahí lo de “humor, acción, romance…”, etc. Y la ironía del “erotismo gratuito”, claro, un elemento que subyace más o menos disimulado detrás de muchas películas (a veces, cuanto más arties y pretenciosas, más erotismo gratuito) y detrás de todo en realidad (prensa, publicidad, TV): yo lo incluyo como una cualidad enunciada más, sin esconderla, sin camuflarla; de ahí surgen las muchachas desnudas, que cumplen el ridículo papel que las azafatas en la mayoría de programas de TV, pero a sabiendas, con todas las consecuencias, exponiendo lo que más nos interesa de las azafatas. Fuera hipocresías.

Así que, ¿por qué no ofrecer todos esos elementos juntos en una película, pues, sin prejuicios de base ni coartadas pseudointelectuales?

P: Desde “D.N.I.”, tu primer cortometraje como director, hasta este primer largometraje han transcurrido 11 años. ¿Tan mal está la industria cinematográfica española?

R: Ten en cuenta que mi caso es excepcional. Yo primero me hice un nombre como guionista de comics, ése fue mi principal objetivo profesional. Tengo más de diez álbumes de cómic publicados. Después me dediqué a la literatura. He escrito media docena de libros, entre ficción y ensayo. Y después, mi siguiente objetivo fue el cine. En todos los campos he partido de cero. Eso siempre lleva años.

P: Considero que la comedia es uno de los géneros más difíciles de abordar. Sin embargo un buen número de directores españoles realizan su debut en el largometraje precisamente con una comedia. ¿Crees que se hace así por motivos puramente comerciales o en España tenemos algún interés especial en la comedia? En tu caso, ¿cual ha sido la causa?

R: A mí la comedia me permite varias cosas: 1) Hacer cine con poco presupuesto, como ha sido el caso de “¡Soy un pelele!”. 2) Tratar temas espinosos que de otra manera se me prohibiría abordar. 3) No tomarme en serio a mí mismo, cosa que me beneficia, pero que mucha gente confunde con no tomar en serio el propio trabajo.

La comedia es un género no sólo difícil, sino el más menospreciado, aquí y en los USA. A un mal artista se le reconoce por el afán de trascendentalidad: a una mala obra también. La comedia permite tocar todos los temas trascendentes sin ser trascendentalista. Eso es lo que a mí me ofrece.

También reconozco que soy un gran consumidor de comedias. Pero en general me gustan todos los géneros. Todos menos el drama: lo que antes llamaban, con más rigor, melodrama, que sí me gusta, y ahora disfrazan de falso realismo tremendista. Toda esa basura telefílmica con mensaje “comprometido” sobre desempleados quejicas, mujeres llorando e inmigrantes buenos, vamos. El cine que yo llamo de las tres pes: cine de parados, prostitutas y paralíticos. Al contrario que la mayoría de directores de tal tipo de películas, yo sí provengo de la clase proletaria y ese cine me hace reír. El retrato que hacen de la clase baja está orientado al sector más pijo de la clase media.

En cuanto a España, rotundamente: sí, es un país dado a la comedia. En realidad, el único género que considero propio de España es la tragicomedia, y yo la cultivo tanto como puedo. Aquí nunca nos hemos podido tomar nada en serio, aunque nos guste aparentarlo. El género épico resulta casi imposible de cultivar: Antonio Saura lleva años intentando levantar un proyecto basado en un cómic de Man y mío, “Kung Fu Kiyo“, una película juvenil de acción y artes marciales, en plan gimnasios de bandas chinas rivales, pero con catalanes y quillos (hijos de emigrantes andaluces) enfrentados en el Raval barcelonés: es como mezclar “Perros callejeros” con “Tigre y Dragón“, yo creo que resultará un caramelo de cara a la taquilla. Pero aún es pronto para hacerla. Cuando en España se asimile el éxito de “300“, “Sin City“, “V de Vendetta” y otras superproducciones yanquis basadas en comics, será el momento de “Kung Fu Kiyo”.

Una, para mí formidable, excepción a esta regla ha sido la reciente “Alatriste“, que si no fuera porque se echa a faltar la hora y media que le deben de haber amputado para su versión definitiva, resultaría una obra redonda. En todo caso, me parece la primera película realmente épica del cine español. Casi un spaghetti western de capa y espada, pero profundamente racial. Una película estupenda y por ratos portentosa, con rabia genuina. Pero si te fijas, casi todo el mundo la ha puesto a parir, por envidia y por estrechez de miras. No nos merecemos a Agustín Díaz Yanes.

Espérate que le descubran en Hollywood. Entonces todo el mundo dirá: qué bueno es Díaz Yanes.

P: Tu película trata sobre un exitoso director de cine español. ¿Tenías a algún director en mente para escribir el personaje o es totalmente ficticio?

R: Ja ja. Sí tenía uno en mente, pero no te pienso decir cuál. No quiero basar la promoción de mi película en la premisa de que “es una parodia de tal director…”.

P: El teaser trailer no da muchas pistas sobre la película. ¿Qué es lo que nos vamos a encontrar cuando vayamos al cine a verla? y por cierto, ¿tiene ya fecha de estreno definitiva?

R: Me gusta definir “¡Soy un pelele!” como un festival del humor.

Os vais a encontrar un festival de hora y media de risas y risas y risas. Hora y media de carcajadas, utilizando todos los métodos, limpios y sucios, a nuestro alcance. Mis comedias de referencia son “Un pez llamado Wanda” y “Algo pasa con Mary“: por tanto, “¡Soy un pelele!” es una comedia romántica. Pero también funciona como homenaje a la españolada y a los grandes de ese género.

He intentado decodificar nuestra propia idiosincrasia y sintetizarla en gags que a veces juegan con el metalenguaje del propio género. Sé que ahora todo el mundo va de Tarantino, pero también es cierto que, como Tarantino, siento muchísimo respeto hacia la cultura pop. Y la cultura pop de mi país es ésta: señores y truhanes, españolitos que van de santos y arman el cristo, el feo de los Calatrava haciendo el cafre y chicas, muchas chicas en pelotas. Tarantino cuelga en su última peli un cartel cinematográfico de Romero Marchent y queda súper cool. Pero él no tiene al feo de los Calatrava, que es más cool aún; y jamás, jamás, podrá meter todas las mujeres de pubis depilado que yo he metido en mi película: le puede su puritanismo inconsciente. En resumen, he intentado dejar de lado el complejo de inferioridad español a la hora de hacer cine, por el camino más difícil: he hecho cine con los elementos que me motivan de mi realidad y mi tradición, no intentando copiar lo que hacen los yanquis en Hollywood. A los yanquis se les permite ir a lo universal desde lo localista: a nosotros casi nunca (un genio como Almodóvar sale una vez cada treinta años), porque una élite intelectual menosprecia nuestra propia cultura y hay toda una generación de directores jóvenes que en gran medida sólo intenta imitar a los directores yanquis que les marcaron, sin buscar diferenciarse en sus propias raíces.

Por otro lado, me he alejado de esa horrible convención que es el falso realismo español, donde todo se supone que es equivalente de la realidad, una realidad siempre gris, por cierto. “¡Soy un pelele!” es un viaje a la fantasía, a lo grotesco, a lo desaforado, a lo teatral: a lo hermoso y a lo feo, pero nunca a lo mediocre. No soporto las medias tintas. Quien busque realidad en mi película, que se quede en el trabajo. Sería como pedirle sentido de la mesura a un disco de Queen.

P: Hasta ahora casi todos tus trabajos cinematográficos eran en calidad de guionista así que tengo curiosidad por saber cómo ha sido tu experiencia como director y si piensas continuar dirigiendo largometrajes.

R: Dirigir es una tarea menos espectacular de lo que parece. Tiene sus momentos exultantes, como cuando el trabajo en equipo y el azar mejoran en la realidad la secuencia que tú tenías ya rodada en la mente; y sus momentos de tedio y rutina, como todos los oficios.

Yo que soy poco propenso a dar órdenes y bastante asocial, disfruto mucho más en la sala de montaje: es como si me dieran mil viñetas recortadas y con ellas tuviera que armar un cómic de cien. Una gozada, imagínate. En el montaje descubres muchas otras maneras de explicar tu misma historia, y muchas veces es para mejor.

Dicho esto, debo añadir que me sorprendió para bien el contacto con el equipo técnico (mi ayudante de dirección Francesc Prats, el director de fotografía Bernat Bosch), y sobre todo con los actores. Es un gremio hacia el que abrigaba ciertos prejuicios. Realmente, en este caso concreto al menos, los actores me dieron una lección de humildad, dedicación, talento y honestidad.

Voy a seguir dirigiendo cine, claro está, porque me gusta contar historias; y como director puedes decidir la forma definitiva de TU historia, cosa que no pasa cuando eres sólo guionista. Pero también me encantaría dirigir guiones ajenos y encargos externos: dirigiendo historias de otras personas puedo olvidarme por un momento de mi propio universo y contactar con otros, lo cual resulta enormemente creativo, enriquecedor y hasta un alivio. El camino más fácil es seguir en la comedia, pero también me gustaría dirigir thrillers, fantasía y épica.

P: ¿Cuales son tus directores favoritos? ¿Sientes la influencia de alguno de ellos a la hora de dirigir?

R: Tengo miles de directores favoritos. Entre los clásicos: John Milius, Franklin J. Schaffner, Elia Kazan, Misumi Kenji… Actuales: Tony Scott, Ryoo Seung-wan, Adrian Lyne, Quentin Tarantino, Sean Penn (me alucina lo bien que dirige), Paul Verhoeven… Bueno, Verhoeven YA es un clásico.

También españoles: Juanma Bajo Ulloa es uno de mis directores predilectos, “La madre muerta” es mi película española favorita de los últimos veinte años. No concibo cómo alguien con su sensibilidad y talento no está dirigiendo una peli al año.

Ahora que lo pienso, más que directores españoles, casi todos los que me gustan son vascos: el mencionado Bajo Ulloa, Álex de la Iglesia, Daniel Calparsoro, Julio Médem, Enrique Urbizu, ahora Koldo Serra… Todos ellos son buenísimos. Me alucina la fuerza que tiene Calparsoro, por ejemplo, aunque casi nunca le han sabido canalizar, excepto en “Asfalto“, quizá. Es un talento bruto. Algo debe de haber pasado en el País Vasco que ha generado un caldo de cultivo artístico tan fértil. Igual su clima de violencia produce más inquietudes artísticas.

Para la película, me he dejado empapar por los directores de comedia que más me flipan: principalmente, Howard Hawks y Gregory La Cava en el período clásico (“Bola de fuego” y “Al servicio de las damas” son dos películas que idolatro), y los Hermanos Farrelly y Peyton Reed en el actual. Estos últimos son mis favoritos de la comedia USA de hoy. También soy un forofo de las comedias idiotas estadounidenses: no me pierdo una película en DVD -es la única forma de verlas en idioma original: paradójicamente, casi nunca se estrenan copias no dobladas de comedias estadounidenses mainstream- de Will Ferrell (el genio absoluto de la comedia actual), Adam Sandler (la excepción a la regla del histrionismo), Jim Carrey (un maestro del mencionado histrionismo… otro genio) y Rob Schneider (me muero de risa con él, no lo puedo evitar). Me influye mucho el subgénero de la comedia para adolescentes, soy fan de “Porky’s“, de “La revancha de los novatos” y de “Todo en un día“. Y también de obras maestras de la comedia idiota actual, como “El reportero: La leyenda de Ron Burgundy“, “¡A por todas!” y “Este cuerpo no es el mío“.

En cuanto a directores españoles, Luis García Berlanga y Mariano Ozores, claro: son nuestros clásicos. Cualquier película con José Luis López Vázquez en ella también me interesa, es el “El actor español”: todos llevamos un López Vázquez dentro. También me ha influido mucho el escritor catalán -desgraciadamente más olvidado de lo que se merece-, Armand Matias Guiu, guionista todoterreno, creador de los Diálogos para besugos y autor del guión de “O7 con el 2 delante“, una de las películas españolas con las que más he llorado de la risa. Matias Guiu y su concepto del humor absurdo me han marcado: en mi último libro, “Putas es poco”, le dedico un cuento con toda mi admiración.

Al conjunto cómico del “¡Pelele!” también le he añadido sin darme cuenta un punto guarrindongo y underground muy a lo Verhoeven primera época holandesa. Siempre he sido devoto de Verhoeven. Para mí es un maestro, un voyeur empedernido como yo, y siempre tiendo como él a meter la cámara donde todos los demás suelen aplicar el sobreentendido.

Aunque yo sea un hijo de los años 80, mi cine favorito, con diferencia, es el de finales de los 60 y los 70. Me encanta el estilo setentero, su tono salvaje y descarnado. Y se hacían tan buenas películas: “Las aventuras de Jeremiah Johnson” de Sidney Pollack; “Harry el Sucio” de Don Siegel; “El más valiente entre mil“, de Tom Gries; “El ingenuo salvaje“, de Lindsay Anderson (es del 63, pero los ingleses llegaron antes al estilo crudo); “El pasajero de lluvia“, de René Clement; los thrillers sucios de Mike Hodges… Qué buenos eran los cabrones. Yo me puedo pasar un fin de semana entero viendo mil veces cada plano de una película de Tonino Valerii. Y se atrevían a llegar mucho más allá que hoy día: ¿quién es capaz en la actualidad de rodar films tan incómodos y crueles como “Perros de paja” de Peckimpah o “La venganza de Ulzana” o “La banda de los Grissom” de Robert Aldrich?

A nivel de personalidad, inquietudes y temperamento artístico, con quien más me identifico es con John Milius. A nivel global, quizá Franklin J. Schaffner sea mi modelo de director: todo el mundo recuerda “El planeta de los simios“, “Patton“, “Los niños del Brasil“… Pero no quién las dirigió. Ése es mi ideal, en cine, cómic y literatura: que mis obras sean muy distintas entre sí y muy recordadas, pero que a mí me olviden. Es lo más alejado del cine de autor: yo busco el “cine de obra”.

P: Una eterna fuente de conflicto entre guionistas y directores se produce cuando un director tiene que cortar una escena del guión bien por falta de presupuesto, porque visualmente no queda tan bien como en el guión o por cualquier otra causa. Siendo tú mismo tu propio director… ¿Has tenido que cortar escenas que habías escrito en el guión? ¿Duele más o menos que cuando lo hace otro?

R: Duele más, ja ja. Te llamas a ti mismo traidor, hijoputa, vendido… de todo.

Por supuesto que he tenido que cortar escenas. También he tenido que descartar rodarlas, por falta de presupuesto. Al final hay menos acción en la película de lo que promete el teaser. Pero bueno, cuando hay dinero por medio y no es tuyo, hay que tragar a la fuerza. Qué le vamos a hacer. El cómic, por ejemplo, sí te permite inventar los mundos más vastos y espectaculares que quieras con el mismo presupuesto.

También ha ocurrido el efecto contrario. Al haberla escrito junto a mi co-guionista, el gran Joan Ripollés, sentía más propia esta historia, claro, así que siempre duele cortar, ya sea en el guión o en el montaje. Pero, transcurridas unas semanas, vuelves a ver lo cortado y te das cuenta de que es verdad aquello de que siempre resulta necesario meter tijera. Eso que oyes en los comentarios de las escenas descartadas en los DVDs es cierto: siempre hay que sacrificar partes de tu hijo para que resplandezca más.

Y un buen montador siempre es necesario. Yo he tenido uno estupendo: Anastasi Rinos, que ha apuntalado la solidez de comedia clasicista. Un peso pesado como Jaume Martí también me ha ayudado a destacar el ritmo y el toque sofisticado.

P: Siempre me ha resultado curioso la publicidad que se hace sobre los presupuestos de las películas estadounidenses, aspecto sobre el que no se suele hacer mención en el resto de los casos. ¿Cual fue el presupuesto de la película?

R: No tengo ni idea. El productor nunca me ha dicho con qué presupuesto he contado.

Sin embargo, no debe de ser muy alto. De entrada, la película se ha hecho porque me presentaron una cámara de 16 mm. especialmente fabricada para segunda unidad y me dijeron: “Tienes que hacer toda la película con esto o no hay película”.

Ése fue uno de los retos: te apuesto a que “¡Soy un pelele!” no parece rodada con una única cámara. Tiene un montón de planos conjugados, he intentado alternarlos en equilibrio con planos secuencias.

P: Sin duda uno de los pilares fundamentales de la industria estadounidense del cine es el marketing. La tremenda inversión en publicidad de sus películas nos crea la necesidad de verlas para poder hablar de ellas. ¿Qué porcentaje del presupuesto habéis destinado a publicidad?

R: Ja ja, creo que te equivocas de persona. Yo no soy el indicado para contestar a eso. No sé nada de presupuestos. De momento se ha montado una web, soyunpelele.com. De cómo será el plan de promoción y qué dinero se invertirá, no tengo ni idea, ni manera de saberlo. De ahí que tenga que confiar en el gancho del teaser, que por ahora sólo se puede ver por Internet, y del próximo trailer.

P: ¿Cuales son las pretensiones comerciales de la película?

R: Yo quiero que sea un exitazo. No conozco un director que no quiera tener éxito.

“¡Soy un pelele!” contiene muchos ingredientes para ser un bombazo de taquilla: creo que es divertida, fresca, inesperada, muy alocada y desenfadada. Tiene de protagonistas a Roberto Sanmartín, que es un galán muy atractivo y un fantástico actor, y a Rosa Boladeras, que está destinada a convertirse en la nueva gran actriz de mi generación, un cruce perfecto entre Victoria Abril y Rosa Maria Sardà; tiene a Paco Calatrava, el “feo” de los Hermanos Calatrava, después de 25 años sin hacer cine, en un papel que demuestra su enorme talento, carácter y humanidad; tiene a Liberto Rabal, en un rol que sorprenderá a la gente, mostrando una faceta inédita en su carrera de actor. Y tiene un equipo femenino de voleibol que todo el mundo va a querer conocer de cerca. La banda sonora la está componiendo el cantautor Refree, un músico con un talento extraordionario.

¡Lo tenemos todo! Bueno, casi todo.

Sólo nos falta una major detrás para invertir millones y estrenar cien copias. Pero Iris Star ha apostado desde el principio por mi película, y vamos a hacer juntos todo lo que podamos por promocionarla bien.

P: ¿Con qué recaudación os sentiríais contentos?

R: A mí sí me pagaran los millones que cobra más de uno por su cine comprometido sobre gente pobre, me sentiría muy satisfecho, de eso puedes estar seguro.

P: ¿A qué público va dirigida?

R: A todo el público. Supongo que la etiquetarán para mayores de 18 años, pero si por mí fuera, entraban hasta los bebés.

P: ¿Está ya vendida a otros mercados fuera del español? ¿Tenéis alguno en mente?

R: No lo sé.

Creo que una premisa como la de esta película (“Un hombre pierde la memoria y se olvida de que es gay”) se vendería a la primera en una industria como la estadounidense, en Hollywood. Yo creo que también puede pegar muy bien en Latinoamérica. Conecto muy bien con el público latino, porque tiene muy pocos prejuicios. Cuando algo les gusta, no se sienten ridículos manifestándolo. Y el miedo a ser incorrecto que anquilosa a Occidente aún no les ha alcanzado.

P: Vamos a arreglar este país, que es uno de los pasatiempos nacionales. ¿Cuales crees que serían las soluciones a la crisis eterna en la que parece vivir nuestro cine?

R: Desde mi modesto punto de vista, creo que en Europa se concibe el cine y la cultura en general como un niño mantenido. Mi opinión es que debería aplicarse una visión más empresarial: a mayor riesgo asumido, mayor profesionalidad del sector, y a mayor profesionalidad, mayor industria. Si algo aprendí como director editorial en el mundo del cómic, es que si publicas cinco obras comerciales, ganarás suficiente dinero para publicar dos minoritarias y otra muy costosa. Si no publicas obras comerciales, quizá no puedas publicar ni las minoritarias y mucho menos las costosas. Pero esta mentalidad es de raíz protestante, muy difícil de implantar en países de tradición católica y colectivista, donde el sentimiento de culpa hacia el dinero es omnipresente. Además, ello no implicaría que dejáramos de criticar el cine español: somos un país de criticones. Yo el primero.

P: Muchas gracias por todo y mucha suerte con la película.

R: Gracias a ti.

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Autor: Jeremy Fox

Jeremy Fox es Miguel Baneira o al revés, ya nadie lo tiene claro, ni siquiera yo. Físico por estudios, informático de profesión y amante de los libros, la música, los cómics y, por supuesto, el cine. No estoy loco, es que me han dibujado así...

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1 Comentario

  1. Escelente entrevista!

    Deseando estoy que salgan novedades de “¡Soy un pelele!”, poster, trailers!..

    jur jur

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